El coste oculto de no valorar tus servicios

Muchos asesores me cuentan que les cuesta poner en valor sus servicios.

Que incluso a veces han hecho trabajos por los que no han cobrado nada.

Dicen que les resulta incómodo ponerle precio a su trabajo.

Los motivos que hay detrás de estos pensamientos son de todo tipo.

Muchas personas con predisposición a ayudar tienen la creencia de que hablar de dinero es algo negativo.

Lo sienten contradictorio con su vocación de servicio.

Prefieren ayudar a afrontar una conversación que les hace sentir incomodos.

¿Te ha pasado también a ti?

El primer problema es que, si tu no valoras tu trabajo, tus clientes lo va a percibir.

Nadie va a percibir que un servicio es valioso si paga poco o ni siquiera tiene que pagar por ello.

Cuando tú no valoras tu trabajo estás alimentando su creencia de que “total, a ti no te cuesta nada”, porque “sólo es una consulta” o porque “sólo será un momento” o cualquiera de las justificaciones que tu cliente va a encontrar por la que tú supuestamente vas a estar “encantado” de hacer trabajo de forma gratuita.

En lugar de situarte en tu rol de colaborador externo para ayudar a tu cliente a proporcionarle un servicio que necesita, le estás haciendo sentir que su tiempo es más valioso que el tuyo.

La consecuencia es que tú acabas consiguiendo menos resultados para seguir progresando en tu negocio.

El segundo problema, es todavía peor.

Si no valoras tu trabajo, acabas quemándote cada vez más.

Estás permanentemente frustrado porque sientes que los clientes están abusando de tu predisposición a ayudar.

Empiezas a sentir emociones negativas sobre “los clientes” que se hacen más y más intensas.

Tu mismo alimentas tu dialogo interior y tus pensamientos son autodestructivos hablando de los clientes: “tener que aguantar a gente así”, “se creen que me tienen a su entera disposición”, “no puedo más de clientes tóxicos” …

Lo peor es que estás minando tu energía y tu capacidad de ilusionarte.

En realidad, deberías enfadarte contigo mismo por no haber sabido poner límites.

El coste de no valorar el precio de tus servicios va más allá de lo económico.

Si no cobras suficiente por tus servicios y no te sientes reconocido y valorado por tus clientes, te acabas convenciendo a ti mismo de que no existe solución posible.

Entiendo la incomodidad de poner precio a los servicios.

Sólo que no valorarte se basa en una creencia errónea.

Deja de pensar que tus clientes no valoran tus servicios y empieza por valorarte tú.

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