¿Cómo ayudar a tus clientes y valorar tu trabajo?

Pablo es asesor y ocasionalmente hace proyectos de consultoría para alguna empresa cliente que se lo pide.

Es un reto interesante para él porque le encantan los números y se le dan bien.

Además, le encanta ayudar.

El problema es que no sabe cuánto va a tardar en hacer todas las tareas.

Cada empresa es distinta y hasta que no empiece no sabe los obstáculos que va a encontrar.

Tiene dudas al hacer el presupuesto para pasarle la oferta.

Quiere conseguir el encargo porque le apetece mucho hacerlo.

Finalmente, le hace una oferta irresistible en precio para que el cliente lo acepte sí o sí.

Pablo consigue el proyecto.

Perfecto, ¿no?

Aquí empieza la trampa.

 

Pablo está tan convencido del valor que puede aportar a su cliente, que dedica mucho más tiempo del que pensaba.

No le importa, porque está realmente entusiasmado con su trabajo y quiere que el cliente vea resultados cuanto antes.

Pero cuando profundiza en los datos que le han entregado, resulta que la contabilidad no se lleva de forma muy rigurosa…

Pablo sabe cuál podría ser una posible solución, así que dedica aún más tiempo para definir un plan de cuentas personalizado que podría ayudar mucho… más adelante.

A medida que avanza en su análisis, Pablo se da cuenta de que no existe un proceso administrativo organizado… así que dedica muchas horas a ordenar los documentos que podrían facilitar el trabajo… más adelante.

Pablo no deja de dedicar esfuerzos y energías a temas que la empresa del cliente podría mejorar…

Pero el cliente no lo sabe.

No lo sabe porque no lo ve.

El cliente de Pablo no es consciente de todas las mejoras que Pablo está visualizando para el futuro.

Pablo está convencido de que tener información de calidad es imprescindible así que sigue dedicando muchas más horas de las que pensaba, y muchísimas más de las que había presupuestado…

El cliente está contento, porque le parece que Pablo se está tomando muy en serio el encargo.

Pero no ve el trabajo que Pablo está haciendo.

Sólo ve lo que Pablo le cuenta cuando está reunido con él.

El resto, ni lo ve, ni lo nota.

Así que Pablo empieza a quemarse porque ve que no va a obtener los honorarios que merece a cambio de la energía que ha estado dedicando.

Sabe que hizo una propuesta irresistible en precio,

Ahora se siente atrapado y además también se siente culpable porque nadie le obligó a aceptar este proyecto.

Pero lo peor no es que este proyecto no haya salido bien económicamente por haber estado regalando su trabajo.

Lo peor es que Pablo se ha quedado sin energía.

Pablo ya no tiene claro que sea una buena idea hacer consultoría para ayudar a empresas.

Si Pablo renuncia a diseñar una estrategia ganadora para su negocio, no va a poder conseguir su sueño de trabajar ayudando a otras personas haciendo lo que más le gusta.

Lo que le pasó a Pablo está claro: sufrió las consecuencias del marco mental de considerarse un coste.

Si te suena la historia de Pablo, no deberías hacerlo más.

Si quieres dejar de ser un coste para tus clientes, debes poner en valor tu trabajo.

Si das ayuda personalizada, deberías darle el valor que realmente tiene.

Si tu no valoras tu trabajo, tus clientes tampoco lo harán.

Deja de regalar tu tiempo y tu valor, esperando que la recompensa ya llegará en algún momento del futuro.

Los clientes sólo dejarán de percibirte como un coste cuando entiendan lo que conseguirán cuando tú les ayudas a conseguir lo que ellos quieren.

Me encantará poder hablar contigo para ver si puedo ayudarte a crear el sistema que funcione para tu negocio y tus clientes. He reservado algo de tiempo en los próximos días.

Puedes reservar tu cita <<AQUÍ>>

¡Hablamos pronto!

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